lunes, 29 de diciembre de 2014

SD.
Seamos eternos para demostrar que el tiempo no existe. Aunque igual fueron sus pestañas. Igual fue su voz que choco con la aguja del reloj y la detuvo (porque nunca conoció nada tan fuerte.) Me caló hondo, me empapo las entrañas, me inundo el pensamiento y no puedo drenarlo con lágrimas. Me ahogué en sus pestañas. En la voz de sus pestañas, como el crujir de corteza de encina chocando contra roble viejo. Aunque igual me lo había buscado. Igual debí evitar que me pasara lo mas hermoso que jamás me ha pasado. Sus dedos de hiedra rozaron los míos y los volvieron tierra. Me hice o me hizo polvo, volé, entré en sus ojos y los deje ciegos. Así  no podría ver el paso del tiempo.

Sofía D.

Si me vas a dejar que sea solo. No me dejes el sol de tus cabellos, la delicada nota de tu acento, el perenne rubor de tus mejillas. Llévate mi sentido y sentimiento. Déjame sin tu olor, sin tus palabras, sin tu mirada tierna y dura al tiempo. Llévate la canción de tu caricia, tu silueta parta con el viento. Que tus piernas delgadas y espinosas soporten firmes todo tu talento, que tu rosa callada sea nada sino la cruel razón de mi tormento. Si me vas a dejar, que sea solo. Te lo suplico aquí postrado. Te lo ruego. Que la fría ventisca hiele mi memoria. Que hogueras altas quemen tu recuerdo.
Sofía D.

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