sábado, 6 de diciembre de 2014

La rabia de una mirada.
Nunca había unos ojos tan bonitos. Llenos de ira y de rabia. Llenos de versos de Extremoduro. De poesía colérica. De besos lascivos, robados.
Nunca había unos ojos como los suyos.
Esos ojos vidriosos, esa mirada rota.
Buscada en el fondo de la botella unos ojos así.
Una mirada susurrante.
Una mirada insolente, atrevida, desgarrada.
Una mirada desquiciada.
Buscaba, buscaba, buscaba... Pero nunca encontraba unos así.
Se cruzó con cientos, con miles de personas, pero ninguna mirada era como aquella.
Ese fuego en sus ojos.
Ninguna mirada tenía ese brillo. Esa luz. Esa maldita luz.
Esa mirada arrogante, tenue, viva.
Esa mirada nunca la volvería a ver.
Ya tuvo el placer de contemplar esos ojos una vez; un "Buenas noches" y se acabó.
Pero siguió su camino sin detenerse ni girarse, sin una ultima mirada.
Alguien dijo una vez que nunca se detuviera ni mirara atrás.
Y eso hizo, se marchó, con "la mirada cargada como el fusil de Guevara".

No hay comentarios:

Publicar un comentario