domingo, 13 de noviembre de 2016

Sin título aparente. 
"Todas las veces que he deseado tu muerte eran ciertas".
Me dijiste eso y te marchaste. Habías quemado su tumba, habías inundado las flores del jarrón y asediado a los habitantes de la pecera.
Nunca quisiste cortar las alas a alguien que aún no había empezado a volar; pero te marchaste.
Abandonaste el bonsái de la estantería y te alejaste como de un Miró.
Te lo llevaste todo, hasta convertirte en 
porcelana, para romperte después. 
Has arrancado todas las flores de las macetas para plantar gusanos, que algún día se convertirán mariposas.
Decidiste anidar entre mis costillas, para desgarrarlas y marcharte, y no dejar en ellas ningún crisantemo que te recuerde.
Te lo llevaste todo, corazón; dejaste el reloj sin arena, mataste a cuchilladas a las mariposas negras de tu estómago y te lo llevaste todo.
Dejaste las lápidas sin flores, secuestraste las abejas que venían a verme cuando tú no estabas y lloraste cuando me enamoré de los cuervos.
Me viste lanzarme desde el faro y me dejaste caer, enfermaste junto con las serpientes que salían de tu pecho y no tuviste reparo en dejar que junto al polvo se hicieran telarañas mis ojos arrancados.
Te lo has llevado todo amor, hasta eso, hasta dejarme vacías las cuencas de los ojos.

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