Ojalá.
Ojalá nuestros ojalás no vuelvan a encontrarse.
Ojalá no volver a recordarte y haber bebido más cerveza a tu lado. Ojalá salir a la fuga de una boda en la que tú te quedases en el altar.
Ojalá te marchases para siempre; y volvieses, porque los para siempre nunca se cumplen.
Deseo que mintieras cuando ponías tu mano en mi cintura.
Que te olvides del daño que me hiciste, y del año, y borrases aquel abrazo.
Que no me centro desde que tu sonrisa se cruzó en mi camino y quiero salirme de las vías.
Que la cerveza de La Sureña era cien veces mejor si estaba a tu lado.
Que el templo de Debod no es ni la mitad de bonito que tú cuando estás recién levantada.
Que mataría por comer las uvas, que no me gustan, un 31 de diciembre jodidos de frío en la calle.
Que ojalá vuelvas y te marches, y vuelvas otra vez. Que superes todas mis fronteras y busques más allá y sepas que estaré aquí cuando vuelvas.
Que ojalá nos perdiéramos en Lavapiés y acabásemos bailando en cualquier bar.
Que no dejo de pensar en unas canciones que tenemos pendientes, y que ahora volver a cantar me da miedo.
Que ojalá llorasemos todas las canciones que hay sobre Madrid.
Y ojalá romper contigo todas las estadísticas, darme de bruces contra mil muros, darme cuenta de lo humano que soy a veces y dejarnos llevar por los instintos.
Que no me arrepiento de haber mirado cada uno de tus pendientes, de querer arañar París contigo.
Que ojalá fuéramos la niebla de las torres Kio.
Que nunca fue buena idea pintar la Puerta del Sol en tus ojos, sabiendo que me iba a enamorar, pero que coño, estabas preciosa con Madrid en tus pestañas.
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