viernes, 6 de junio de 2014

El [D]olor de un día cualquiera.
Hoy
 huele a corazón mojado.
A uno más de mis versos empapados en alcohol.
A tinta repleta de lágrimas.
A soledad y desamparo.
A historias inacabadas, de las de puntos suspensivos.
Porque no somos de comas, ni de punto y final.
Somos de puntos suspensivos; de los que más daño hacen.
Seguimos como el amor y el odio; tan cerca y tan lejos.
Como Enero y Diciembre.
Como la rosa y la espina.
Como la tormenta y la calma.
Esa tomenta que inundará mis párpados.
Ese torrente de lágrimas que nadie podrá parar.
Hoy es uno de esos días de lluvia. Tanto en las calles, como en mis ojos.
Uno de esos días fríos, de los que solo Neruda se puede adueñar.
Un día de versos escritos al amanecer.
Un día de tibios escalofríos.
Un día de puños golpeando con fuerza en corazones que suspiran.
Un día, al fin y al cabo. Un día como otro cualquiera.
Un día, sin más.

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