lunes, 12 de octubre de 2015

"Frágil, no tirar"
Me preguntaron que como era, que porque tan delicada, que como eran sus cabellos.
Comencé diciendo lo frías que tenía las manos siempre.
Las manos pálidas, gélidas; en las que se notaba cada hueso y cada vena que cubría su mano.
Las uñas largas, sin pintar. No hacía falta.
Sus cabellos largos, suaves, de un tono oscuro que contrastaba con la luz del sol.
Sus labios siempre iban de color rojo.
Era frágil, parecía que se iba a desvanecer en el suelo según pisaba.
Era frágil, pero parecía poderosa; se sentía poderosa.
Vestía con tonos oscuros, ropas negras, y un abrigo largo.
Por la calle, un gato del mismo color la acompañaba allá a donde iba.
Nunca la dejaba sola, era su propio guardián.
Contaban por los alrededores, que una vez utilizaron su corazón y lo tiraron a la basura.
Desde entonces una cinta rodea la casa en la que vive. 
La casa en la que pone "Frágil, no tirar", la misma que tiene paredes llenas de sangre, porque una vez, su corazón, se desangró allí mismo.
Ella, tan gélida y frágil, se estremecía con solo recordarlo.
Arqueaba su espalda y volvía a ponerse el abrigo negro.
Caminaba por la calle, junto a su guardián, se giró por un momento miró a todo cuanto había y dijo: La muerte también puede ser frágil.
En ese momento su figura se desvaneció en el suelo, y todo cuanto quedó de ella desapareció.

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