miércoles, 10 de junio de 2015

Eterno no es nada.
Llegaste en mi invierno, cuando la nieve no hacia más que enfriar la sonrisa gris.
Me descubriste, te adentrarse en mi primavera, conociste mi abril, mis tormentas y aún así hacías volar pájaros para que sonriera.
Descubriste el temblor de mi cuerpo con cada caricia y hasta hoy no he escrito sobre ello.
Sobre la respiración acelerada, sobre la voz entre cortada y los te amo susurrándose en el oído.
Todavía no me había parado a escribir sobre como te brillan los ojos cuando estamos juntos y lo que me gusta reflejarme en ellos.
Sobre como te agarro de la mano y te abrazo cuando tengo miedo. Sobre los lunares que tienes en tu espalda y lo que me gusta besarteles. Sobre cada caricia dibujando tu nombre en mi piel.
Tampoco me había parado a pensar aquello que dicen algunos que no tienen la suerte de haberse enamorado, que el amor no existe, que es un cuento y una cárcel.
Y es que mis ojos dicen que si el amor es una prisión con rejas, tú eres el carcelero; y que aunque mi condena sea día tras día querer besar tus labios y no poder tenerte aquí conmigo todo el tiempo que queremos, moriría en tu prisión.
Y que entonces aunque el amor no sea una cárcel, si sé que amaneceré a tu lado: Quiero cadena perpetua.
Por que tú eres la única persona capaz de hacerme reír llorando, la única con la que quiero seguir adelante.

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